El murciélago que logró más por el planeta que 7.6 millones de personas protestando

Si alguien se ha beneficiado de la crisis actual ha sido el planeta. Con un mes le ha bastado para mostrar la diferencia desde el espacio, en los canales de Venecia y en la calidad del aire.


Aunque del 20 al 27 de septiembre del año pasado más 7.6 millones de personas en el mundo salieron a exigir acción ante la crisis climática, un murciélago en Wuhan es el que le ha permitido tomar un respiro al planeta.


Considerando que el 30% de las emisiones anuales de dióxido de carbono provienen de China y que, desde que comenzó el coronavirus sus emisiones de CO2 han reducido en un 25%, el impacto que ha tenido a nivel global ha sido bastante. De hecho, de acuerdo al CREA (Center for Research on Energy and Clean Air), se estima que esto es lo equivalente a más de la mitad de las emisiones anuales del Reino Unido.


Imagen satelital sobre Wuhan mostrando la disminución de contaminantes.

Nasa and European Space Agency Satellite Images, CNN photos


Si algo ha hecho el coronavirus es defender al planeta y poner a la humanidad entre la espada y la pared:  Un sistema económico que beneficia a pocos y es a costo del planeta o un planeta sano a costo de cambios sistemáticos.


Si bien la recesión económica a nivel global frenará mercados, aumentará la tasa de desempleo, y pondrá al borde industrias completas como la aérea; reducir la demanda de servicios y productos con gran impacto ambiental beneficiará al medio ambiente y a la humanidad entera en su futuro. Sin embargo, ahora es un costo que enfrentan miles de personas. Jugarle a cambiar la ecuación de oferta y demanda de productos que no sean médicos, de higiene, alimenticios, o los medios de comunicación, exigirá de apoyo financiero para que industrias enteras sobrevivan.


Por ello el énfasis de escuchar a los científicos y actuar ante el cambio climático, porque lamentablemente esta crisis es una de muchas por venir: las guerras por el agua, las olas migratorias de poblaciones que han y habrán sido afectados por el cambio climático y su reinserción en la sociedad, la extinción de especies y animales… Cuando le preguntan a Neil deGrasse sobre la situación actual y su opinión sobre el coronavirus, lo ha dejado claro: “estamos en medio de un experimento masivo en el mundo, y el experimento es: ¿la gente escuchará a los científicos?”. Escúchelo aquí.


Y es que el coronavirus ha sabido jugar el juego para lograrlo, crear una crisis que le afecta a TODOS: países del primer, segundo y tercer mundo, clase alta, media y baja, poblaciones rurales y urbanas, gobiernos y empresas.... Claro que las injusticias seguirán, hay quienes podrán asegurar una posibilidad de tratamiento y cuidado, otros que podrán migrar sin problema al home office y aulas virtuales, y otros que viven al día y que buscarán cualquier forma de cubrir los gastos y las necesidades. Unos que tenderán tiempo libre porque su escuela no cuenta con la capacidad de migrar a una aula virtual y que sus alumnos no cuentan con electricidad en casa, aparatos digitales o acceso a internet. El virus afecta a todos, pero por la diferencia de oportunidades, los efectos económicos y sociales serán distintos.


Alanna Shaikh, consultora de salud global especializada en fortalecer los sistemas de salud, lo explica en su último Ted Talk: "Why COVID-19 is hitting us now -- and how to prepare for the next outbreak”, que el no tener un sistema de salud básico en cada rincón de la tierra, con recursos suficientes para actuar ante enfermedades infecciosas, pone en riesgo al mundo entero. Es decir, el hecho que la salud sea un privilegio que pocos puedan financiar, nos hace más propensos como humanidad a enfrentarnos a este tipo de crisis.



Un murciélago le ha dado la cachetada necesaria a la humanidad para despertar ante la crisis climática, porque este respiro al planeta tendrá un alto costo social y económico a corto plazo, pero a la larga, la reducción de los impactos ambientales nos van a haber favorecido.



Las consecuencias de modificar la función natural del planeta son gigantescas y así cómo la sociedad reacciona ante la incertidumbre y el miedo con compras de pánico, las empresas y gobiernos deberían de tener esa misma reacción hacia la descarbonización de la economía. Mientras no logremos la transición a un sistema circular, colaborativo y sostenible, darle un respiro al planeta vendrá con sacrificios económicos, y entre menos respiros le demos, mayores las crisis que enfrentaremos.




Tali Shaouly

CEO Cvium

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